diciembre 31, 2010
Día 6: Llegar a un lugar recomendado pero de la manera no recomendada - Edfu
"La mirada"
“En los bazares ensayan todos los idiomas que saben (…) hasta dar con el tuyo” (Pág. 80)
Héctor Abad Faciolince, Oriente empieza en El Cairo.
Día 5: Medina Al Habut
Finalizando el día 5 a través del Nilo y cenando a su orilla
"Cafés"
“Uno pide una shisha, que es el nombre del narguile de tabaco en Egipto, y quizá un café turco con olor a cardamomo, o un té con menta (…)” (Pág. 73)
Héctor Abad Faciolince, Oriente empieza en El Cairo.
"Paréntesis egipcio"
“Sumerjo mi mano en la aguas del río, repitiendo un viejo gesto de todos los que hemos viajado por el Nilo” (Pág. 126)
Héctor Abad Faciolince, Oriente empieza en El Cairo.

Héctor Abad Faciolince, Oriente empieza en El Cairo.
Día 5: Hatsepsut
“Protegidos por unos anteojos negros para la luz (que es demasiada, aun para mi, que vengo del trópico, por la falta de filtro de las nubes ausentes), y por una chaqueta ligera para el aire nocturno, se siente durante la mañana y la tarde una temperatura benévola. Solo al mediodía se adivina el horno del verano; (…)” (Pág. 37)
Héctor Abad Faciolince, Oriente empieza en El Cairo.
Día 4: Camino a los templos - Luxor
“Las nueva religiones, fingiéndose más sabias, más sensatas y más santas, desalojan a las viejas a fuerza de codazos, de espadas o de alfanjes, Una mezquita intrusa, advenediza, a la entrada del templo de Luxor invadiendo y profanando la antigua maravilla; toscas cruces y mediocres capillas coptas en la mitad de los sobrecogedores templos nubios; la sexofobia cristiana mutila todas la exaltantes desnudeces puntadas por los antiguos sacerdotes; (…)” (Pág. 119-120)
“Quedan pocos obeliscos en su sitio, quiero decir, en el sitio para el que fueron pensados. Uno erguido, a la entrada del gran templo de Luxor, otro a medio hacer en las canteras de Siena.” (Pág. 121)
Héctor Abad Faciolince, Oriente empieza en El Cairo.
Día 4: Camino a los templos - Karnak
“Las otras columnas son todavía más antiguas que las secuoyas gigantes, siguen en pie, y fueron erigidas por los hombres. Están labradas en piedra, con relieves y jeroglíficos, y conforman uno de los monumentos más grandiosos que han logrado la imaginación, el arte y el trabajo humano: las columnas de la sala hipóstila del templo de Karnak.” (Pág. 118)
Héctor Abad Faciolince, Oriente empieza en El Cairo.
Final del día 3 - Tren a Luxor
“Paréntesis egipcio”
“Por unos días nos olvidamos de todo: la polvareda de El Cairo, el ruido de la vida actual, las multitudes, las menas dificultades de lidiar con otra cultura, y nos sumergimos en ese pasado que emerge poderoso de las ruinas, y que para la mayoría de los occidentales es el sinónimo de Egipto, porque el de ahora, para ellos, o carece de importancia o ni siquiera existe” (Pág. 116)
Si no se va no se ve
“Reconozco, al llegar, ese primer impulso de antipatía, repulsión y huida. No quiero estar aquí (…). De irme me disuade otra frase en italiano (…) que trasladada al español se convierte en siete monosílabos: si no se va no se ve. Y aún peor sería ir y regresar sin haber visto” (Pág. 36)
Héctor Abad Faciolince, Oriente empieza en El Cairo.
Héctor Abad Faciolince, Oriente empieza en El Cairo.
Día 3 - Segunda parte: Paso por el mercado Kalil el khalili
"Regateo"
“En el gran zoco turístico de El Cairo, el bazar de Jan el-Jalili, la vida se aproxima a un regateo perpetuo, tal vez por eso todos parecen tan felices” (Pág. 70)
“El espíritu del bazar se transmite a toda la vida de Egipto: los precios no son fijos en ninguna parte, ni en el hotel, ni en el taxi, ni en la fonda de comidas.” (Pág. 70)
“En el gran zoco turístico de El Cairo, el bazar de Jan el-Jalili, la vida se aproxima a un regateo perpetuo, tal vez por eso todos parecen tan felices” (Pág. 70)
“El espíritu del bazar se transmite a toda la vida de Egipto: los precios no son fijos en ninguna parte, ni en el hotel, ni en el taxi, ni en la fonda de comidas.” (Pág. 70)
“Cuando llegues a Egipto, dicen todas las guías turísticas, afila la desconfianza. Pero el consejo es injusto, pues ahora, salvo rara vez, no te matan. Solo buscan sacar el mejor partido en pequeñas transacciones comerciales. Son engaños menores. (…) Cuando me entero del engaño, poco después, dudo si portarme como un héroe vengativo o si aceptar el hecho como el destino ineluctable del turista en Egipto” (Págs. 141-142)
Héctor Abad Faciolince, Oriente empieza en El Cairo.
Día 3 - Primera parte: Las pirámides
Érase una pirámide de Egipto“La primera vista genera una gran confusión mental. Aparecen de repente como una violación visual. Y además pasa lo que te pasa ahora con todo: gracias a la televisión y al cine, las cosas han perdido buena parte de su carga de sorpresa. Todo tiene un aire déjà-vu. “(Pág. 133)
“Además, cómo sentir exaltación, si te persiguen los vendedores de papiros falsos, si te asaltan con reproducciones de pirámides en plástico [made in China], si ya ni siquiera puedes intentar trepar por entre las puedas hasta la cima, como hizo Mark Twain (…)” (Pág. 133)
“Hay que despejar los sentidos, limpiar como con un artificio fotográfico todo el ruido visual o auditivo que las envuelve, y así, finalmente, vuelves a ver las pirámides como si fueras un niño, un viajero inadvertido de antes del cine y la televisión. Entonces, al fin, se pueden entrar en sintonía con su maravilla” (Pág. 135)
Héctor Abad Faciolince, Oriente empieza en El Cairo.
Nuestra experiencia, Ch, fue un poco diferente a la tradicional turística de HAF. Entramos prácticamente por el patio trasero de las pirámides, nos sentíamos más lejos de El Cairo de lo que realmente estábamos, si sentímos las pirámides y recuperamos parte del dinero engañosamente invertido... con miedo...
Despedida de El Cairo
“Querida ciudad de El Cairo: me gustaba más tu cara antes de conocerte. De tu cuerpo no puedo decir nada todavía porque te cubre de arriba abajo una densa y opaca vestidura de polvo” (Pág. 26)
“El Cairo sobrevive gracias al Nilo, pero el Nilo es una corriente, no una ducha. La lluvia es una ducha y a todo, aquí, le hace falta una ducha. Los edificios no pueden hacerse un baño de inmersión en el rio, ni las calles ni las aceras, y todo está cubierto por una capa de arena y polvo. Entonces todo necesitaría una ducha. Ese es el primer impacto; aquí no llueve agua sino arena.” (Pág. 33)
“Todos los días, en adelante mientras esté en El Cairo, sufriré una especie de asma psicológica: no quiero aspirar este aire” (Pág. 34)
“Los Cairotas ni siquiera se lo cree, y miran con desdén hacia el árido cielo, espejo del desierto, donde una nube blanca pasa, etérea, llevada por el viento, sumida en el desasosiego y la impotencia” (Pág. 34-35)
Héctor Abad Faciolince, Oriente empieza en El Cairo
“El Cairo sobrevive gracias al Nilo, pero el Nilo es una corriente, no una ducha. La lluvia es una ducha y a todo, aquí, le hace falta una ducha. Los edificios no pueden hacerse un baño de inmersión en el rio, ni las calles ni las aceras, y todo está cubierto por una capa de arena y polvo. Entonces todo necesitaría una ducha. Ese es el primer impacto; aquí no llueve agua sino arena.” (Pág. 33)
“Los Cairotas ni siquiera se lo cree, y miran con desdén hacia el árido cielo, espejo del desierto, donde una nube blanca pasa, etérea, llevada por el viento, sumida en el desasosiego y la impotencia” (Pág. 34-35)
Héctor Abad Faciolince, Oriente empieza en El Cairo
diciembre 30, 2010
El cierre
Siempre hubo un pendiente... Egipto... el tiempo pasó sin lograr tocar el piano a cuatro manos :'(. Sí, tristeza... Pero como no me gustan los pendientes que rondan en mi cabeza, sobre todo los que superan varios meses, y tampoco soy capaz de renunciar a ellos, y ahora que es tan difícil hacer una regresión para recuperar las palabras, sensaciones y sobre todo, las ilusiones del pasado, dispusé (pudo llegar a ser autoritario al tratar de al menos tomar una decisión en la vida) que fuera Héctor Abad Faciolince quien terminara de escribir este capítulo compartido del blog. Tal vez ahora solo las imágenes y las palabras puedan tejer unos hilos que parecen estarse deshaciendo...
"Oriente empieza en El Cairo" de Héctor Abad Faciolince (2002), Edición 2008, Alfaguara. La que leí en el 2011 y se parece tanto al viaje del 2008... contigo. Las fotografías son una combinación de tuyas y mías.
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