Me siento como una reportera con este viaje... la verdad es que fue tan diferente, tan nuevo, tan desconocido, tan vivo todo esto que cada instante está marcado fuertemente en mi memoria.
En la noche del 22 de septiembre tomamos el tren nocturno que en aproximadamente 8 horas nos llevaría de Tánger a Marrakech.
Nos divimos en grupos de 3 personas por cabina, así que la colonia hondureña "armó rancho aparte" y el grupo internacional fue complementado por un francés que trabaja en alguna École de Mines de esas por las que alguno de mis excompañeros de Ingeniería debió pasar... y entonces me acuerdo de Charlie Rubio cuando me dijo que si me iba no me fuera a hacer otra cosa diferente a lo que realmente quería... y por no había ningún MSc o MBA por allí...
Este fue un "aterrizaje" onírico... de las imágenes que pasaban por las ventanas de el tren como un filme, con todo y los trazos que se marcan en la películas por su uso, se desprendía la idea de un terreno sin habitantes, de una inmensa extensión de sensaciones y el degradé de los colores de los que "estamos en vías de desarrollo". Sencillamente no les puedo describir lo sentido, ni transmitir lo que me rodeaba... pero espero que estas imágenes hablen un poco por mí.
Este fue el aterrizaje en Marrakesh... y un contacto más profundo con solo una partecita de Africa.
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