Una plaza con muchos perfiles diferentes, ya fuera amanecer, medio día, atardecer o en la noche cuando todos se disponían a concluir el ayuno diario del Ramadán. Pero más allá de las fronteras de la plaza, el inmenso zoco con miles de recovecos y productos que se deben negociar, organizado por secciones llenas de artesanos, las mezquitas, puertas, paredes, ventanas... cada detalle que deleitaba nuestras sensaciones de estar en una ciudad declarada por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad.
Para tanto colorido (cuando colorido es sinónimo de diversidad, de vida, de cercanía y lejanía) solo hay una opción: imágenes.
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