
Después de acomodar el poco equipaje, salí a caminar por Lisieux... tenía las horas contadas allí. También a buscar algo para el almuerzo aunque esta tarea se volvió infructuosa hasta el final de la jornada. El camino recorrido y la guía para turistas que se encontraba en pequeños tableros en la calle me llevó hasta la Catedral de San Pedro, en donde según reza la historia y algunos letreros al interior del recinto, Santa Teresita muy pequeña, determinó su vocación (en 1887) y decidió entrar al Carmelo (edificio que a propósito estaba cerrado para peregrinos por mantenimiento).




La Cathedrale de Saint Pierre de Lisieux me recordó bastante a la Basílica de Saint Quentin. Por fuera con el invierno era un poco fantasmagórica. Pero una puerta azul, daba la bienvenida a un recinto en donde sentí una energía extraña. En un recinto en donde especialmente te pensé... es como si quisiera que estuvieras ahí experimentando parte de la historia que no conoces de mí, porque entonces jamás imaginábamos cruzar nuestros caminos.

Al interior, el camino se hacía al pasar a través de las capillas que Teresita recorría, con varias láminas explicativas, con sus fotos incluidas. Y sobre todo se hacía evidente, la fe de varios peregrinos registrada en miles de placas y velitas ardiendo. Esta es la Catedral y sus detalles.


Una foto de teresita en el lugar en donde solía confesarse. Esta Catedral era un lugar para recordar canciones del coro del colegio; líneas de las historias que recibíamos en clase de Religión empezaban a reorganizarse después de muchos años de estar empolvándose en alguna gaveta de mi memoria.

Figuras que fueron afectadas por la guerra. Era increible estar aquí. Esto no tiene que ver con religión, con devoción a alguien, con un colegio. Era la sensación de poder estar en un lugar resumen de una etapa de mi vida en el que sin embargo nunca había estado. Era como un hilo fino que me unía de cierta manera a mi familia, particularmente a mis hermanas que estuvieron en el mismo colegio, a esas amigas que desde entonces han sido sin recurrir a la permanencia, un referente en mi vida, en particular Omaira, y a tí que estabas en algún lugar del mundo y a quien quería transmitir todas mis sensaciones... aunque tuviera que esperar un par de días por regresar a nuestro lugar de encuentros y desencuentros.

El altar.



Aunque sencilla y nada relacionada con la histórica imagen de Santa Teresita que además está a las afueras del colegio, esta imagen me impactó, su mirada al cielo me hizo ir más allá. Temblaba en este lugar. Aún no lo creía.
Entonces me retiré de la Catedral para seguir el camino hacia la Basílica. En el camino encontraría un crêpe para el almuerzo. Imaginaba cómo hubiera sido mi vida si en lugar de Holanda hubiera ido a Francia. Y entonces, extrañaba a Den Haag.
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