El día en que Tshering nos dejó. Estos días eran sumamente tristes porque hora a hora amigos de todas partes del mundo, con los que habíamos convivido durante 15,5 meses se iban a cuentagotas. De cierta manera había un calendario de despedidas y cada nueva despedida tenía menos lágrimas, no porque la tristeza no fuera profunda sino porque se iba agotando el cuerpo de sentir que pedacitos se iban por diferentes rutas aéreas. Tal vez algunas despedidas no fueron las más sentidas a causa de esto, pero es cuando entonces se reconoce que son más importantes TODOS los momentos que se compartieron, más que la despedida misma...
Gilmar me contaba de cuáles de sus amigos más cercanos se iba despidiendo y cómo regresaba a casa como con un trocito menos de sí mismo. Igual le contaba yo de mi lado. Recuerdo cuando se fue Analía, aunque no estuve presente en ese momento, todo lo sentía a través de él y el chat en que me lo narraba. Es increiblemente extraña la sensación.
Sin embargo, el viaje en tren con Tshering, fue un poco alegre. Lo fue así porque fue decisión de él. Finalmente venía de la tierra del Gross National Hapiness. Aunque la tristeza estaba también en su corazón de poeta en inglés, esa llamita de comprensión y ánimo que siempre nos dió estaba allí. Recordaba cuando lo conocí y no era capaz ni de hablar con el (también vivió al principio en Oude Molstraat) para luego estar a las 3 de la mañana en época de research tomando té y contándonos la vida entera y lo que vendría después.
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