Esa fue la última novela que leí en Bogotá antes de viajar a La Haya. Cuando me detuve en ese párrafo no traté de encontrar los culpables; después de estar en París, si lo hice. Tal vez como en el caso de Ricardo Somocurcio, la culpa empezó por mis papás: mi papá y su librito de francés de las clases de Salesiano León XIII, mi mamá y las fotografías de los pintores en Montmartre, y siguió reforzándose con los lienzos de Miguel Ángel Umaña, la imagen que tenía de su hija Angelita practicando ballet en algún teatro parisino; fue un poco culpa del colegio por tener un nombre (Lisieux) correspondiente a una población francesa; también tuvieron la culpa una que otra película y una que otra persona que alimentaba mis sueños como si algún día los pudiera ver convertidos en realidad... y así fue. El 28 de diciembre de 2006, a eso de las 11 a.m., Carolina, Mario y yo tomábamos un bus de Eurolines que iría desde La Haya hasta París, deteniéndose en Antwerp y Bruselas en Bélgica.
enero 23, 2007
PARÍS Diciembre 2006 - Enero 2007
"Desde que tenía uso de razón soñaba con vivir en París. Probablemente fue culpa de mi papá, de esos libros de Paul Féval, Julio Verne, Alejandro Dumas y tantos otros que me hizo leer antes de matarse en el accidente que me dejó huérfano." (Mario Vargas Llosa en "Travesuras de la niña mala")
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