Estar en París es una sensación rara: maravillarse con lo visto y a la vez sentirlo conocido y con una propiedad de estar manejando algo que estaba en mi interior. Disfrutarlo con la gente especial que lo puedo disfrutar: Carolina, Mario, Camilo, Jorge, Tala y Ricardo. Gracias a estos personajes por los tiquetes del metro, la invitación al restaurante japonés, los cafés y el chocolate, la guía y la posada, ah! y por aguantarse los vasos rotos y... por todo lo demás. Ah! y a Mauricio, el hermano de Milton (y su amigo) que también estuvo superpendiente y sacó el tiempito para compartir un crepe.
El cambio de año lo celebramos en "nuestra casita" por esos días, es decir el apartamento de Jorge, en Montmartre. Tradicional cena de Navidad y no tradicional fiesta de disfraces a la que nos invitaron después de media noche los vecinos de Jorge.
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